Aquella mañana, cuando me dispuse a coger el tren sentí una especial melancolía dentro de mí, melancolía que me transportaba a tiempos en los que el amor era el motor de mi cuerpo, de mí ser; y es que mi propio cuerpo sabía y avecinaba que aquel iba a ser un día de grandes novedades. 
Aquel 12 de octubre en las frías y serias calles de la ciudad condal fue cuando abriste tu corazón en busca de alguien que calentara tu cama, tus pies siempre fríos y tu alma. Mi interior no creía lo que estaba sucediendo, la persona soñada, imaginada, deseada de momento era mía…
Como pez en el agua nos sentíamos felices, reíamos horas y horas sin parar, con una mirada, con un gesto, con un sólo guiño sabíamos que pensábamos, que queríamos y que anhelábamos.
Las mañanas en la oficina se hacían angustiosas; tus miradas inquietas al subir la escalera lo decían, mis cigarrillos furtivos en sitios prohibidos lo confirmaban. Las tardes, sin embargo, eran más divertidas. Los juegos de palabras en medio de la lección daban demasiadas cosas que entender y sentir, mi cara rebosaba de felicidad y tu sonrisa a medias, entre la barba siempre bien recortada, afirmaba lo que mi cuerpo sentía.
El tiempo, la vida profesional y las personas ajenas a lo nuestro hicieron que nuestra felicidad fuese truncándose, que las charlas nocturnas acabasen siempre mal y el frío entrase por las puertas de nuestra
s casas.
Ahora, después de un año y medio de vaivenes siento que ya no soy yo quien caliente tu alma, tus pies, y mucho menos tu cama. Ahora sólo soy el fruto de aquello que añoras pero que ya no anhelas, la felicidad de aquello divertido en los momentos en que te nubla el aburrimiento… pero sin embargo quieres que todo vuelva al principio. Mi ser ya no te busca, ya no te anhela, ya no te desea…simplemente se divierte con tus charlas y los intensos juegos bajo las sabanas.

Aquel 12 de octubre en las frías y serias calles de la ciudad condal fue cuando abriste tu corazón en busca de alguien que calentara tu cama, tus pies siempre fríos y tu alma. Mi interior no creía lo que estaba sucediendo, la persona soñada, imaginada, deseada de momento era mía…
Como pez en el agua nos sentíamos felices, reíamos horas y horas sin parar, con una mirada, con un gesto, con un sólo guiño sabíamos que pensábamos, que queríamos y que anhelábamos.
Las mañanas en la oficina se hacían angustiosas; tus miradas inquietas al subir la escalera lo decían, mis cigarrillos furtivos en sitios prohibidos lo confirmaban. Las tardes, sin embargo, eran más divertidas. Los juegos de palabras en medio de la lección daban demasiadas cosas que entender y sentir, mi cara rebosaba de felicidad y tu sonrisa a medias, entre la barba siempre bien recortada, afirmaba lo que mi cuerpo sentía.
El tiempo, la vida profesional y las personas ajenas a lo nuestro hicieron que nuestra felicidad fuese truncándose, que las charlas nocturnas acabasen siempre mal y el frío entrase por las puertas de nuestra
s casas.Ahora, después de un año y medio de vaivenes siento que ya no soy yo quien caliente tu alma, tus pies, y mucho menos tu cama. Ahora sólo soy el fruto de aquello que añoras pero que ya no anhelas, la felicidad de aquello divertido en los momentos en que te nubla el aburrimiento… pero sin embargo quieres que todo vuelva al principio. Mi ser ya no te busca, ya no te anhela, ya no te desea…simplemente se divierte con tus charlas y los intensos juegos bajo las sabanas.
1 comentario:
Sólamente una cosa, amiga mía, que en estos momentos entenderás demasiado bien. Sólamente una frase que hoy me tomo la libertad de hacer mía después de que algún mago de la literatura sudamericana la escribiera, sin quererlo, indagando en mis propios pensamientos. "el sexo es el consuelo que le queda a uno cuando ya no le alcanza el amor". Nada más por escribir hoy, pero mucho por escuchar si lo necesitas. Recuerda que yo... sigo aquí, no enredada entre tus sábanas, pero sí en las cosas que te queman la garganta y que aún te quedan por contar.
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